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Rafa Díez: “La huelga general es un grito de rabia y de denuncia, de dignidad de clase trabajadora”
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Rafa Díez: “La huelga general es un grito de rabia y de denuncia, de dignidad de clase trabajadora”

Cuando Euskadi afronta una huelga general, quien ha sido secretario general del sindicato LAB durante 16 años analiza para Astekari la situación política y social.

20/05/2009

VITORIA-GASTEIZ (Redacción Astekari) – Aunque retirado de la primera línea sindical, después de haber dirigido LAB durante los últimos 16 años, Rafa Díez Usabiaga sigue manteniendo su visión crítica sobre la situación política de Euskadi y defiende la convocatoria de la huelga general, al considerrla una "necesidad".

PREGUNTA - Después de haber dirigido el sindicato LAB durante 16 años, y tras haber dejado la secretaría general, ¿ha cambiado la percepción sindical y política de Rafa Díez?.

RESPUESTA – En absoluto. Es evidente que las tareas y responsabilidades se han modificado sustancialmente, ser secretario general del sindicato significa estar en la palestra pública, abordando temas económicos y políticos de distinta naturaleza.

En este momento sigo estando en el sindicato, participo en las tareas de la Fundación Iparhegoa, en materias de formación de militancia y sigo con todas las cuestiones de índole política que afectan a Euskal Herria. Pero estoy en otro espacio de responsabilidad y tareas, pero siempre con el mismo nivel de compromiso político y sindical.

P - El 21 de mayo Euskadi afronta una huelga general, convocada por ELA y LAB. ¿Cree que es oportuno en un momento de crisis, con la proliferación de los EREs?.

R – Es necesario que los trabajadores lancemos un grito de denuncia y de rabia ante lo que ha pasado en la economía. Aquí da la impresión de que desaparecen miles de millones del escenario, se producen unas enormes quiebras y fraudes, se condena a miles de trabajadores a situaciones de desempleo y pobreza, y nos dicen que no pasa nada, que los gobiernos ayudan a los bancos para tener liquidez y que ahora todos tenemos que asumir los sacrificios que nos genera la crisis.

Creemos que es una hipocresía enorme que un sistema, una oligarquía financiera que ha creado una situación de crack económico, que ahora afecta a toda la economía productiva, que ante esa realidad se nos plantee una resignación cristiana y políticas falsamente moralistas.

Los trabajadores tenemos que denunciar lo que ha pasado en estos últimos años, en términos de acumulación de beneficios, de booms inmobiliarios totalmente artificiales, de lo que ha pasado con las patronales y de los grandes núcleos económicos. Tenemos que lanzar un grito de rabia y de denuncia y decir, claramente, que el problema no son las dos o tres medidas que se puedan articular en protección social. El problema es el sistema mismo. Lo que ha hecho crack es el sistema, un modelo de crecimiento económico en el que el mercado se convierte en el único autorregulador.

Ayer oía que en los 44 paraísos fiscales existentes en el mundo, el capital acumulado es de 11´8 billones de dólares, que significa ocho veces el Producto Interior Bruto del Estado español. Esa es la realidad de fondeo que subyace.

Por lo tanto, en este momento, que desde el sistema, desde la patronal, se nos plantee mensajes de que estemos tranquilos nos parece un insulto.

Somos conscientes de que la huelga general, en sí misma, no significa una modificación sustancial de la situación, pero tenemos derecho, por dignidad, por posición de clase, para decirles a los responsables, en la calle y con toda rotundidad, la situación que han creado. Es un grito de dignidad de clase.

P - Desde determinadas opciones políticas se ha dicho que al Gobierno vasco presidido por el primer lehendakari socialista, Patxi López, ni se le han dado los 100 días de confianza y que la huelga general estaba convocada para protestar contra la política de Ibarretxe.

R – Nosotros hacemos una huelga contra un modelo que, desde nuestro punto de vista, ha fracasado y está creando desequilibrios económicos y este tipo de situaciones en las empresas y los gobiernos.

No es un problema de un gobierno específico, es un problema de una realidad política y económica que nos ha llevado a este escenario. Hacemos un planteamiento en contra de una realidad en la que se quiere que los trabajadores aparezcamos como los únicos paganos.

La pregunta que nosotros realizamos es clara; ¿dónde están los responsables de esta crisis?, ¿dónde están esos atracadores sociales, esos ladrones de capital masivo?, ¿dónde están los gobiernos que han dado cobertura a todo eso?.

Nosotros damos una respuesta a eso, como han hecho los trabajadores en Bélgica, en el Estado francés, en Italia o Grecia. Somos componentes de una clase trabajadora a la que se le está condenando porque hay un mercado, una oligarquía financiera y un sistema al que algunos están dando cobertura, que es el que nos ha llevado a este callejón sin salida. Y encima nos dicen que ahora tenemos que refundar ese sistema, ese capitalismo, ese modelo, para que sigan manejando los hilos el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y ese tipo de gente que tiene su "pasta" en los 44 paraísos fiscales existentes.

Creemos que hay que llamar a las cosas por su nombre, que hay que evitar que la hipocresía que surge desde el sistema se afiance en la sociedad y tenemos no sólo derecho sino necesidad de hacer una demostración de fuerza como clase. No es una huelga porque ha habido un gobierno determinado, es una huelga que intenta responder a un sistema, a un modelo y a las actuaciones de los gobiernos de Madrid, de Ibarretxe, en su momento, y de Sanz en Navarra, que han estado dando coberturas políticas a este tipo de dinámicas políticas y a otras cuestiones de carácter fiscal, como la reducción de impuestos a los empresarios o las políticas de privatización.

No se trata de una huelga porque haya habido una alternancia política en este país; se trata de una huelga que quiere responder a la crisis de un modelo económico que queremos cambiar.

P - La huelga general del 21 de mayo, ¿va a cambiar en algo la situación de la crisis o puede empeorar la situación de los trabajadores que aun conservan el empleo?.

R – Lo que queremos hacer es una demostración de fuerza como clase trabajadora, para decir que no estamos dispuestos a que todo esto suceda sin una crítica frontal al sistema, que o estamos dispuestos a que cuando se nos habla de compatibilizar sacrificios, ya sabemos lo que quieren decir, que hay que apretarse el cinturón, que debemos asumir congelaciones salariales o expedientes de regulación de empleo en empresas que igual siguen teniendo beneficios.

Lo que queremos decir, con claridad, es que esta crisis se intente canalizar a través del esfuerzo de los trabajadores. Es curioso que se hable, permanentemente, de dar liquidez a los bancos, de proporcionar dinero público a la banca privada, que sigue teniendo beneficios en su cuenta de resultados, y nadie habla de dar liquidez a los trabajadores, de cómo mitigar los efectos de las hipotecas de los jóvenes.

Creemos que hay una enorme hipocresía, que se tiene que terminar, y la huelga es una forma de decir "aquí estamos", que no nos tomen el pelo y no estamos dispuestos a que la solución sean más reformas laborales, con mayor nivel de desprotección social. Hay quienes quieren aprovechar la situación de crisis para dar una vuelta de tuerca contra los trabajadores.

P - Esta huelga general, ¿puede tener un cierto calado político, de cara a unir a los partidos y sindicatos abertzales, teniendo en cuenta que los convocantes son ELA y LAB y a ella se han sumado Eusko Alkartasuna y Aralar?.

R – Es evidente que la convocatoria afecta únicamente a Euskal Herria y que el componente que la protagoniza es sindical – abertzale, políticamente definida y le da una dimensión política. Todo es política. Yo no he visto una huelga que no fuera política. Esa calificación de huelga sindical o huelga política creo que no ha existido nunca.

Es importante que el 21 de mayo se pueda referenciar, con claridad, quienes estamos por políticas de auténtico cambio, tanto en términos sociales como políticos. Este país necesita instrumentos de carácter económico para poder adoptar decisiones estructurales.

Desgraciadamente estamos viendo estos días, en el Estado, cómo el PSOE está hablando con diferentes agentes políticos y sociales, abordando un hipotético pacto o acuerdo social para el modelo productivo o una reforma laboral, pero esas cosas se pactan en Madrid y se imponen en Euskal Herria. Lo que queremos es un cambio político que permita a las instituciones vascas y a los agentes económicos y sindicales "poder cortar el bacalao" en temas estructurales en nuestro propio país.

Lo que no queremos es un diálogo social como el que pretende hacer aquí el lehendakari Patxi López, subsidiario del diálogo del Estado, sin una agenda sobre los temas que realmente afectan y sean estructurales, sino que lo quiere es el diálogo social en Madrid y luego, de manera sucursalista, aquí le damos un nuevo albardado y a correr para la foto. Ahí no vamos a jugar; ni con el anterior Gobierno de Ibarretxe ni con éste.

Estamos ante una huelga que tiene un calado político y otro social, porque queremos poner otro horizonte reivindicativo. Es necesario hablar de temas como la nacionalización de la banca, ya que están los recursos de los trabajadores ahí, y no queremos que especulen con nuestro dinero. Queremos hablar de políticas fiscales, que sean instrumentos de reparto de la riqueza. Aquí, cuando hemos tenido crecimiento económico se bajaban los impuestos a los empresarios a través del Impuesto de Sociedades, que es un impuesto sobre beneficios.

En este sentido, la huelga general del 21 de mayo es una referencia importante para aquellos sectores sociales, sindicales y políticos que defendemos el cambio político y social.

P - En una reciente conferencia, usted ha comentado que la izquierda abertzale estaba "muy atomizada". EA ya propuso en las elecciones autonómicas la creación de un "polo soberanista". ¿En qué ha quedado?.

R – Es momento de hacer reflexiones de alcance, profundas, de la situación política y, en función de ello, marcar horizontes que sean capaces de encontrar una masa crítica soberanista, que yo creo que en este país está esperando a que se pueda vertebrar otro tipo de mayorías, tanto en el terreno sindical como en el político.

La foto que yo hago de la situación en este país pasa por tres grandes variables. Creo que hay una transición de lo que hemos conocido como modelo autonómico, que está agotado, que se le puede seguir dando cuerda pero que, políticamente, está agotado. Hay un espacio soberanista, atomizado política y organizativamente, que es una realidad objetiva. Y luego hay una izquierda abertzale que resiste una determinada situación política, pero que tiene dificultades para ser un dinamizador del actual contexto político.

A partir de ahí, tenemos que ver cómo incidimos en un bloqueo general y político y cómo ese espacio soberanista e independentista, de cambio social, se convierte en un sujeto determinante de todo el tablero político. Esa es la reflexión de fondo que tenemos que realizar y, a partir de ahí, estoy convencido de que este país está en un tránsito entre dos ciclos políticos. Romper el ritmo de la política de este país pasa por el papel de la izquierda abertzale y de ese bloque soberanista.

P - ¿Todavía sería posible reeditar el Pacto de Lizarra-Garazi, con un PNV en la oposición en el Parlamento de Vitoria?.

R – El PNV está viviendo momentos de zozobra interna, de inseguridad, después de 30 años está fuera de las instituciones, viviendo una fase de tránsito en sus posiciones políticas, con niveles de contradicción interna manifiestos. Habrá que ver cómo se sedimenta todo eso.

Yo creo que la dirección del PNV tiene ya una opción adoptada, que es ir en busca de un pacto con el Estado, con el PSOE, para abordar una estabilidad de gestión institucional y económica. La actual dirección del PNV está renegando de posiciones abertzales y soberanistas; tiende a situarse más como una fuerza autonomista-regionalista, con perspectiva estratégica, que va a facilitar que se pueda articular ese espacio soberanista, en este momento atomizado pero que en el futuro puede jugar un papel determinante en el conjunto del tablero político.

El PNV está haciendo una hoja de ruta para abordar pactos de mayor estabilidad y proyección con el Partido Socialista. Lo que está sucediendo en estos momentos con el pacto PSOE-PP, con la salida del PNV de las instituciones, creo que está motivado por el objetivo del Partido Socialista de que las cosas se clarifiquen y decanten dentro del PNV. Pero es algo transitorio.

Sobre reeditar el Pacto de Lizarra, no son situaciones y modelos repetibles miméticamente. El movimiento soberanista tiene que establecer planteamientos y propuestas que generen grados de convergencia y concertación en términos políticos, sociales y sindicales, pero no veo fotos que tengan una proyección efectiva y eficaz en el tablero político. No es el momento de fotos sino de ir más allá en términos de compromiso y de propuestas para articular un espacio independentista y de cambio social.

P - ¿Qué futuro contempla para la izquierda abertzale, con los socialistas en el Gobierno vasco y la ilegalización de la candidatura de Iniciativa Internacionalista para las elecciones europeas, acusada de vinculaciones con Batasuna y ETA?.

R- Todos tenemos que hacer un diagnóstico de la situación política, de la estrategia del PSOE, y también la izquierda abertzale.

A mi entender, toda la estrategia que han venido desarrollando el PSOE y el PP, que culmina con este pacto de Estado para que el PSE llegue a la Lehendakaritza, es el fin de un ciclo que comienza con la Ley de Partidos y todo un proceso de ilegalizaciones, que continúa con el pacto PSN-UPN en Navarra y que se cierra con la llegada de Patxi López a la Lehendakaritza.

Algunos hablan de que se cierra la transición democrática. Yo creo que lo que se cierra es la transición postfranquista que protagonizan PSOE y PP. Lo que tiene que abrirse es otra transición auténticamente democrática. Toda esa estrategia hay que situarla en el pulso del Estado y unas masas críticas de este país que están demandando poner en solfa aquellos principios constitucionales que negaban la existencia de un pueblo y coartaban el derecho a decidir.

Estoy convencido de que en este país hay una mayoría política que piensa que, con independencia de su modelo político, autónomo, república, federalismo, independencia, que vive en un país que se llama Euskal Herria – País Vasco que tiene que decidir su futuro libre y democráticamente. Yo creo que eso es mayoría en este país y a esto no se le puede poner tope. El PSOE, PP, la estrategia del Estado piensan que pueden poner tope a esa inmensa mayoría.

La izquierda abertzale tiene que diagnosticar adecuadamente cual es la estrategia del Estado, valorando también la atomización del espacio soberanista, y tiene que abordar una reflexión que nos lleve a una estrategia eficaz, que decía Arnaldo Otegi, para superar este bloqueo y encauzar esa mayoría social y política que piensa que el acuerdo político de futuro y la solución al conflicto de fondo de este país tiene que pivotar en dos claves muy sencillas y totalmente transversales, como son que vivimos en un país que se llama Euskal Herria y la sociedad vasca es la que tiene que decidir el futuro, tanto interno como externo.

Ese es el fondo del conflicto. Los partidos estatales no quieren llegar a ese Rubicón democrático que tiene que configurarse en un acuerdo político. Más bien, pretenden abordar con medidas antidemocráticas, con el trucaje de las elecciones y la creación de una mayorías falsas que no responden a la mayoría popular, solventar o hacer una circunvalación en la actual situación política, con reformas estatutarias que lo único que sean es abordar conceptos de autogobierno en términos cuantitativos pero no cualitativos en las relaciones Euskal Herria – Estado.

Si todos jugamos con las mismas reglas de juego y se respeta la voluntad popular el conflicto está terminado.

P - De cara a las elecciones municipales y forales de 2.011, ¿la izquierda abertzale podría replantearse su estrategia, incluso tener en cuenta las voces disidentes de algunos presos de ETA?.

R – La izquierda abertzale está en ello, está abordando una reflexión acorde a la dimensión de la situación política, a la demanda de muchos sectores sociales y políticos que ven con preocupación todo lo que está pasando en este país, tanto en el tema de las ilegalizaciones como la entrada en el poder de Gasteiz un Gobierno de estas naturalezas.

Hay un espacio social y político en este país que demanda que hay que cambiar las cosas, adoptar estrategias políticas. Ese es el gran reto que tiene la izquierda abertzale. Hemos logrado traer a este país al umbral del cambio político y ahora tenemos que acertar en cómo hacerlo. Por eso tenemos que abordar una hoja de ruta para ganar el cambio político. Y eso lo tenemos que hacer en los próximos meses.

P - La normalidad política y la pacificación en Euskadi, ¿está más cerca o más lejos con un Gobierno vasco dirigido por socialistas?.

R – Yo no quiero jugar con temas que están por encima de una realidad y de sufrimiento que afecta a miles de personas, de diferente manera y de diferente naturaleza. Especular con este tipo de cuestiones a mi no me gusta.

Yo creo que ya es tarde para buscar un escenario definitivo de soluciones políticas de paz, ya andamos tarde. Tiene que ser una prioridad de todos los responsables políticos el buscar soluciones estables definitivas a un conflicto político y alcanzar un escenario de paz y de democracia política.

Ha habido oportunidades y no debemos jugar con la paz en términos de instrumentalización política. De interés político. Lo que este país necesita, con el PSOE, con el PNV, con el PSE, PSN o UPN, es poner fin a una realidad de confrontación política y poner los mimbres de un escenario de democracia política.

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