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Opinión
“Las conclusiones del debate en el seno de la izquierda abertzale tradicional suponen un paso importante y esperanzador en la reubicación de un conflicto que se encuentra todavía hoy instalado en el empate infinito y la creciente apatía social".
20/02/2010
“Euskal Herria 2010: ¿Se empieza a desbrozar el camino?”
Me temo que esta vez, y con este artículo con el que retomo el contacto con vosotros y vosotras, no voy a ser muy original. De hecho, el riesgo que conlleva escribir sobre lo que a continuación detallo es alto, por un lado el de la comparación con otras opiniones y análisis ya publicados, y por otro, el menos imparcial juicio motivado por las lógicas pulsiones internas de cada una de las personas que se animen a leer esto.
Cuando me animé, o me animaron sería mejor decir, a escribir con cierta regularidad en este periódico digital, sólo me pidieron una cosa, que diera mi opinión, la mía, con toda la franqueza y sinceridad de la que fuera capaz. Y eso es lo que voy a intentar hacer a continuación, como lo he hecho en todos los anteriores artículos que he escrito.
Entiendan por tanto este artículo, como lo que es, una opinión personal, no sujeta a disciplinas de grupo o tribu, más o menos acertada, pero fundamentalmente libre, personal y sincera.
Y una vez señalados los riesgos y los límites que pueda tener este intento de aproximación y estimación al tema, les descubro lo obvio. Voy a dar mi opinión y mi visión sobre lo que puede suponer para el conjunto de la ciudadanía el posible nuevo escenario que puede abrirse tras el anuncio hecho público a inicios de semana de las conclusiones del debate, ya finalizado, en el seno de la izquierda abertzale tradicional u oficial como prefieran.
Como era de esperar, las conclusiones del debate no han dejado indiferente a nadie. Ni tan siquiera a aquellos que han decidido restarle trascendencia mediática en sus medios de comunicación pero que a la vez no cesan de interrogar a todo el que pueden sobre la hondura y la dimensión del paso anunciado y dado.
Tampoco han generado indiferencia entre la clase política (que poco me gusta esta expresión) que se ha dividido entre aquellos que por un lado la desechan aún sin estudiarla con detenimiento, como es el caso del PP y el PSE, y quienes la saludan y la valoran de forma positiva como Aralar, EA, Alternatiba, y en menor medida EB y PNV.
Por si alguno tuviera alguna duda, yo me encuadro entre quienes preferimos ver la botella medio llena. Y sí, soy consciente de que esto puede asemejarse a un Dejavú, a algo que ya hemos escuchado y vivido, y que tan amargo poso nos dejó a todos los que en momentos anteriores nos ilusionamos con ello.
Pero, incluso, en el caso, de que las dudas fueran más que las certezas, las sombras que las luces, seguiría defendiendo una visión optimista. Sólo de ese modo se encuentran motivos para no sucumbir al pesimismo y a la aceptación acrítica de la irresolubilidad de un conflicto que bastante dolor y sufrimiento ha generado entre todos nosotros y nosotras.
Reconozco que mi saludo y mi visión positiva de lo que esa declaración pueda suponer no nace sólo del optimismo del que les acabo de hablar, no. Creo que en esta ocasión concurren más elementos como para pensar en la posibilidad real de encontrarnos en un cambio de ciclo en lo político, y de una transformación hacía la confrontación política del conflicto violento.
Es cierto que en el documento no hay mención alguna a ETA, e igualmente cierto es que en él se hace una lectura discutible, por ser suave, sobre el transcurrir de los últimos 40 años en Euskal Herria.
Evidentemente si uno se agarra a estos dos elementos, poco de atractivo y novedoso puede encontrar en dicho documento que no haya oído o escuchado (que no es lo mismo) en ocasiones anteriores, ya fuera en el acuerdo de Lizarra-Garazi o en la declaración de Anoeta.
Pero permítanme que opine, que la fuerza y la potencialidad del documento que lleva por título Zutik Euskal Herria, no está ahí, radica en otro lugar y sobretodo estriba en el compromiso anunciado.
La virtualidad del documento y su futuro se ubica en la apuesta por la superación de cualquier forma de violencia y en el compromiso con el uso de medios pacíficos y democráticos de forma unilateral, no como fruto de una negociación previa y ventajosa. Pero no solo ahí, también reside su fortaleza en el compromiso con la vías políticas exclusivamente y con el papel proactivo en la deslegitimación y denuncia de quien lo emplee.
Esa es la clave de bóveda desde mi punto de vista del documento. Tal vez, alguno al leer esto, ponga en duda que tales aseveraciones estén incluidas en el documento Zutik Euskal Herria. Tal vez no las encuentren de forma literal, lo harán si se fijan en el compromiso con los principios Mitchell y su acatamiento de los mismos.
Los principios Mitchell, que no son, sino los 6 puntos incluidos en el parágrafo 20 del Informe de la Comisión de Desarme Internacional, de la que el senador Mitchell formó parte y que supuso un puntal fundamental en la construcción del proceso de paz en Irlanda del Norte.
Dichos principios, casi a modo de declaración de intenciones, establece en sus 6 apartados cuestiones tales como el uso exclusivo de medios pacíficos para resolver cuestiones políticas (a) la renuncia y la oposición (si, han leído bien) al empleo de la violencia por cualquier otro (d) o la aceptación del resultado del proceso negociador entre el conjunto de fuerzas políticas (e).
Junto a estos tres que he señalado, se incluyen otros que ciertamente tienen una lectura muy pegada a la realidad irlandesa y por tanto pueden ser poco extrapolables, al menos en su literalidad a Euskal Herria, como las relativas al desarme y condiciones de decomiso de armas y arsenales.
Este documento, aprobado por la mayoría de las personas que han tomado parte del proceso deliberativo generado en torno a él (y esto no es un dato baladí) supone por tanto un paso colectivo hacía delante para empezar a mirar el futuro de otra manera, con otro aire, o dadas las circunstancia que vivimos con más aire.
Pero no me olvido de las dificultades objetivas con las que se va a encontrar esa propuesta. De un lado queda sin despejar la incógnita de ETA. Hay quien teoriza que a este movimiento de la izquierda abertzale le seguirá otro de ETA en forma de tregua. Lo dudo. Es más, si eso sucediera, aunque lo considero improbable, se podría correr el riesgo de que se interpretara nuevamente que ETA funciona como juez y parte del proceso y que en sus manos esta mediante la ruptura de esa tregua, dinamitar el proceso que pueda haberse iniciado, como ya hicieron con el atentado de la T4 de Barajas.
Sobra decir que este es uno de los aspectos débiles del nuevo tiempo político que iniciamos, pero yo, al igual que Lokarri, entiendo que la aceptación de los principios Mitchell suponen de facto una oposición al uso de la violencia, venga esta de donde venga, sin medias tintas ni paños calientes. Así pues hay que demostrar que las palabras y los hechos caminan de la mano y al unísono.
Otro factor de riesgo para el proceso, y no trato de equipararlos, que cada cual los ponga en el nivel de responsabilidad que estime oportuno, se encuentra en la cerrazón que está obteniendo por parte de quienes gobiernan en Madrid y Vitoria.
Sus reacciones, como era de esperar, denostan y minimizan el impacto y alcance de dicha declaración. Es evidente que una aceptación del cambio de coordenadas en los que se desenvuelve el conflicto les puede obligar a cesar en su campaña de cercenación progresiva y constante de derechos y libertades, incluida la bochornosa ley de partidos.
Pero, sobre todo, derrumba un parámetro que venía funcionando con la precisión de un reloj suizo durante los 32 años de democracia en el estado español. La violencia de ETA, y la lógica y natural repulsa que generan le sirve al Estado para generar una serie de excepcionalidades en las libertades y derechos ciudadanas sin apenas masa crítica que las conteste. Si la violencia de ETA desaparece, o si aun persistiendo encuentran en Euskal Herria un foco de resistencia a sus posiciones y a la violencia de ETA de la magnitud que puede darse, sus estrategias quedaran en evidencia, en primer lugar aquí, en Euskal Herria, pero también en el propio Estado español y en el contexto internacional.
De tal manera, el inconcluso debate sobre la necesaria segunda transición en el estado español y su vertebración pasarán a un lugar preeminente, algo que sin duda asusta y mucho a quienes se encuentran en el poder, los señores del PSOE. Y no digamos nada de los aspirantes, los del PP.
Pero aún más curioso me resulta que uno de los argumentos para descalificar la propuesta es que le imputen al momento político en que se ha presentado, el carácter de oportunista, pues dicen que sólo pretende dejarles pasar el filtro para estar presentes en las elecciones. Y digo que resulta curioso que digan esto desde el PSOE y el PP, cuando ellos mejor que nadie saben que en condiciones de normalidad su presencia en el Gobierno, al menos de esa forma y bajo esa coalición, no es que sería difícil, es que prácticamente sería imposible.
De ahí que el cálculo electoral de existir, también sea un elemento imputable, y creo que en abrumadora mayoría hacía el PP y el PSOE. De hecho, me planteo y les planteo la siguiente cuestión: Si este anuncio o paso se hubiera dado después de unas elecciones mutiladas, ilegalización mediante, ¿cuál hubiera sido la respuesta del PSE? Yo creo que una vez conquistado el poder en alguna de las diputaciones en liza y algunos ayuntamientos de postín, la hubieran jaleado e incluso deseado cabalgar, presentándose ellos como los adalides de la paz. Es lo que tiene la política, que no siempre se puede encubrir el cinismo, porque se ve a la legua.
Y una vez constatados los riesgos del proceso en ciernes, o del paso dado, y para no opinar sin proponer, se me ocurre que resulta absolutamente necesario que todos demos pasos, que todos empujemos la puerta cerrada para abrirla y que entre aire fresco en esta habitación viciada en que se había convertido Euskal Herria.
Debemos exigir que lo anunciado se empiece a visualizar con claridad en nuestros pueblos y ciudades. La aceptación de los principios Mitchell por parte de la izquierda abertzale oficial o tradicional obligan a mantener una actitud proactiva en la erradicación de cualquier expresión de violencia en nuestra sociedad, y todavía persisten muchas, sin esperar a que otros hagan, exigiéndoles en todo caso a que otros también lo hagan.
Podemos empujar y elevar la presión para exigir un dialogo multipartito que desde unos principios mínimos hagan posible avanzar en el diálogo sin exclusiones para resolver nuestros problemas,
Y, tenemos que señalarle al Gobierno lo erróneo de seguir elevando obstáculos ante esta oportunidad. Ni la ley de partidos, ni la prohibición de derechos y libertades, ni el encarcelamiento de dirigentes políticos contribuye en nada a lograr la tan ansiada paz, ni mejoran la convivencia ni la profundización democrática.
De manera consciente he dejado para el final, uno de los elementos que acompaña el debate surgido al calor de esta iniciativa, el de la articulación de un bloque político de nuevo cuño para dar expresión electoral a este maremoto.
Siempre he defendido la unidad de la izquierda vasca, lo he hecho por activa y por pasiva, y también en artículos publicados en este periódico. Por tanto no niego la potencialidad de dicha posibilidad.
Pero creo firmemente que dicha articulación ha de hacerse desde la base, con calma, restañando heridas, anteponiendo el interés colectivo al particular, defendiendo la pluralidad de la izquierda como un bien a preservar más que como una anomalía disfuncional a corregir. Primando la apuesta por otra forma de hacer política alejada en muchos aspectos de los errores que todos y todas hemos cometido. Construyéndola en definitiva desde abajo y a la izquierda.
Y, como decía he dejado para el final de este artículo este tema, porque creo que lo que toca ahora es avanzar en la posibilidad de alterar este escenario triste y lúgubre en el que estamos aun instalados, por otro de esperanza e ilusión que nos empuje hacia la paz y el establecimiento de unas normas mínimas de convivencia social.
Tiempo tendremos, si somos capaces de conseguir lo primero, de abordar esta otra cuestión, que como digo debe tener presente y contar con todos los que queremos y creemos en una izquierda vasca potente, soberanista, radicalmente democrática y alternativa en formas, fondos y propuestas al sistema que nos domina.
Porque hay mimbres, porque por fortuna en este país, a diferencia del resto de Europa somos muchas y muchos.
Pues ya ven, estoy ilusionado, confío en que esta vez sea la definitiva. Y para relajar, permítanme un símil ahora que tan de moda están las camisetas de la selección española de fútbol en los ambientes y entre la gente más insospechada. Si la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas del Estado español jamás pensaron que pudieran pasar de cuartos de final en una competición oficial y ganaron la Eurocopa, ¿por qué no vamos a ser nosotros y nosotras capaces también de romper el maleficio que nos acompaña desde hace ya demasiado tiempo y lograr la paz, la normalización y una izquierda potente?. Pues eso, que a lo mejor ¡podemos! Un saludo y hasta la semana que viene.