Comunicados
“Al contrario de lo que los prohibicionistas intentan hacernos ver, la guerra contra las drogas no ha logrado tan siquiera alcanzar victorias parciales”.
06/02/2011
Legalize it
El eterno debate de la legalización o no de las sustancias estupefacientes parece haber quedado relegado en las últimas fechas a un último plano, debido a los efectos irracionales de la crisis económica y sistémica que nos acecha, y sin embargo, en estos días quizás sea el momento de retomar dicho debate con más fuerza si cabe.
La mal llamada "guerra contra las drogas" iniciada por el presidente Nixon en los USA allá por 1969, y a la cual se han unido los gobiernos de casi todos los países occidentales, no ha servido para erradicar el consumo y tráfico de estas sustancias. Al contrario, este consumo se mantiene o incluso aumenta con el paso de los años, y en épocas de crisis sistémica como la actual, sufre siempre un importante repunte. Sin embargo, los presupuestos y recursos que los Estados destinan a dicha "guerra" no hacen sino aumentar año tras año, en una batalla perdida de antemano.
Al contrario de lo que los prohibicionistas intentan hacernos ver, la guerra constante, firme y beligerante contra las drogas, su tráfico y su consumo, no ha logrado tan siquiera alcanzar victorias parciales y ha sido una derrota en cada uno de los campos de batalla donde se ha adentrado. Se podría considerar que hoy estamos viviendo el clímax del narcotráfico y de sus efectos, es decir el punto máximo en la historia humana en cuanto a la cantidad de droga que circula alrededor del mundo, la cantidad de dinero que se factura a partir de esta actividad, la cantidad de muertes que se registran en torno al crimen organizado, y a la relevancia geopolítica y financiera que este fenómeno ha adquirido.
Frente a este escenario existen dos posturas claras y antagónicas; por un lado quienes defienden que el único camino es el endurecimiento de la guerra contra el narcotráfico, y por otro los que creemos que hay que dar un giro radical a dicha política.
Más allá de entrar en polémicas estériles y discursos ambivalentes, me limitaré a intentar mostrar con datos los logros que este cambio de política, llevado a cabo por la cercana República de Portugal en
En el periodo correspondiente a 2001-2006, es decir los primeros cinco años tras la descriminalización de las drogas, el consumo de estas substancias en la población estudiantil se redujo notablemente, en muchos casos, como el de la cocaína, el LSD, y el éxtasis, a menos de la mitad, mientras que también hubo bajas significativas en el consumo de marihuana y heroína. Lo que, entre otras cosas, nos habla de que la educación puede más que la coerción.
El número de sobredosis registradas en la calle disminuyó en un 40%, así como las muertes relacionadas, en general, con el tráfico o consumo de estupefacientes que bajó alrededor de un 60%. También, y a pesar de que ahora se realiza casi el doble de exámenes toxicológicos que se realizaban en 2001, las personas que daban positivo en el consumo de alguna substancia ilegal ha disminuido notoriamente. El caso portugués destaca en especial ya que sus labores de concienciación y campañas educativas han permitido que muchos consumidores o incluso adictos dejen las substancias. Gracias a ello Portugal se ubica entre los países con menor prevalencia de sus consumidores de cocaína, que ocupa el sexto lugar de la Unión Europea con sólo un 0.9%, en comparación con un 6.1 del Reino Unido, y en cuanto a marihuana se ubican en un séptimo lugar, sólo detrás de países como Suecia, Finlandia, e Islandia, con un 17%, comparado con un 45% de la República Checa.
Ahora bien, esta medida mantiene el control del narcotráfico en manos de mafias sin escrúpulos, que explotan a los productores en los países de origen y que adulteran el producto hasta ser capaces de rentabilizar un cargamento del cual hayan perdido el 90% de su cantidad inicial, elevando exponencialmente los riesgos del consumidor. Mafias que mueven mayores presupuestos que muchos Estados, y que son capaces de poner en jaque a los mismos, como así lo hacen en países como México, y que nos recuerdan, salvando las distancias a los EEUU del periodo de la Ley Seca y sus famosas bandas de gangsters. Sin embargo, ¿Cuales serían los efectos de una legalización total de las drogas, desde su producción a su consumo?
A nadie debería escapar que después de mas de 40 años de lucha infructuosa, el consumo de drogas sigue existiendo, y que vista la incapacidad de la coerción para erradicarlo, y analizado el éxito de las campañas de concienciación y educación portuguesas, el siguiente paso nos debería llevar irrevocablemente, a minimizar los riesgos a los que se enfrentan los potenciales consumidores de esas sustancias, y la solución pasa irremediablemente por someter a estos productos a un control exhaustivo de calidad y salubridad similar, al menos, al que soportan otras drogas legales como los fármacos. Por lo que, sería imprescindible la legalización y control por parte del Estado y sus servicios sanitarios de todo el proceso desde la producción hasta su salida a la calle.
Pero además, esta medida, la legalización, acarrearía otros beneficios paralelos nada desdeñables. Por un lado, la regularización de la actividad, significaría que los 18.000 millones de Euros que se estima, mueve la droga en el Reino de España anualmente, dejarían de ser parte de la economía sumergida para empezar a cotizar a las maltrechas arcas del Estado. La droga dejaría de ser un negocio lucrativo para las mafias al igual que sucedió con el alcohol en USA tras la derogación de la Ley Seca. Y por otro lado, la legalización ayudaría también a vaciar los saturados centros penitenciarios del Estado, en un país con el mayor índice de penados de Europa, en cuyas cárceles se hacinan más de 75000 reclusos. Con los datos del 2009 en la mano se puede observar que el 27,8 % de los reclusos, y el 48,6 de las mujeres retenidas, cumplen condena por tráfico de drogas, y que estas cifras aumentan hasta casi el 70% si añadimos los delitos vinculados a la droga de alguno u otro modo. Por último, aunque el Gobierno no emite datos concretos del presupuesto destinado a la lucha contra la droga, estimaciones realistas hablan que este gasto superaría ampliamente los 1000 millones de Euros, cantidad que se podría destinar en más y mejores campañas de concienciación y educación de nuestros jóvenes.
Es por todo lo anterior, y probablemente por muchas causas más que yo me dejo en el tintero, y que en un debate abierto, franco, y desnudo de hipocresías saldrían a la palestra, que la legalización de las drogas parece la única vía resolutiva posible a este problema social.
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